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domingo, 6 de marzo de 2022

¿TRAICIÓN A FRANZ KAFKA?

La primera vez que leí a Kafka fue durante mi primer año en la Facultad de Derecho. Fue El proceso, una novela que desarrolla los problemas de un funcionario bancario al enfrentarse a esa quimera llamada justicia. Respecto a esta novela se han realizado estudios en su interpretación, fue llevada al cine, al teatro y es considerada un clásico de la literatura del siglo XX; sin embargo, el hecho que hoy podamos conocerla, se lo debemos a un acto de deslealtad contra su autor.

Naturalmente, la novela antes descrita y muchas otras, se forjaron en la experiencia de Kafka, basada en sus estudios de leyes en la Universidad de Praga donde conoció a Max Brod, su amigo hasta el final de sus días.

Al concluir sus estudios, Kafka realizó sus prácticas en los juzgados, descubriendo dentro del mundo jurídico su pasión por escribir. Por su parte, Brod se dedicó al ser un servidor público, llegando a ocupar cargos políticos posteriormente y haciendo una carrera de escritor algo discreta.

Pese a que ambos tomaron caminos distintos, la comunicación nunca quedo al margen. Constantemente, Kafka y Brod se visitaban e intercambiaban cartas que pueden dar fe, de los lazos de aprecio y hermandad que ambos mantenían.

Pese a tener una genialidad admirable, Kafka no fue un escritor reconocido durante su vida. Cuenta su editor Kurt Wolff en su libro Autores, libros, aventuras que, en octubre de 1923, Kafka recibió la liquidación anual de sus libros publicados. Los resultados eran insignificantes, pues había vendido solo veintisiete libros en un año, número que no fue de su agrado, y es que, la frustración lo invadía, cuestionándose todo y volviéndose un crítico obstinado de su propia obra. Un año después, Kafka murió con tuberculosis.

Antes de Fallecer, Kafka, remitió unas cartas a su amigo Max Brod. En ellas manifestaba su voluntad respecto al destino de sus trabajos literarios:

LOS TESTAMENTOS DE KAFKA

[I]

Queridísimo Max, mi último ruego: quema sin leerlos absolutamente todos los manuscritos, cartas propias y ajenas, dibujos, etcétera, que se encuentren en mi legado (es decir, en cajas de libros, roperos, escritorios de casa y de la oficina, o cualquier otro sitio donde pueda encontrarse algo y te llame la atención), así como todos los escritos o dibujos que tú u otros, a los que debes pedírselo en mi nombre, tengáis en vuestro poder. Deben al menos comprometerse a quemar en persona las cartas que no quieran entregarte.

Tuyo

Franz Kafka

[II]

Querido Max, quizá esta vez no vuelva a levantarme, es muy probable una pulmonía después de un mes de fiebre pulmonar, y ni siquiera el hecho de que lo escriba la ahuyentará, aunque tiene algún poder.

Para ese caso, mi último deseo en relación con todo lo que he escrito:

De todo lo que he escrito son válidos únicamente los libros: La condena, El fogonero, La transformación, En la colonia penitenciaria, El médico rural y el relato Un artista del hambre. (Los pocos ejemplares de Contemplación pueden quedar, no quiero imponerle a nadie el trabajo de destruirlos, pero no ha de reimprimirse nada de ello). Cuando digo que aquellos cinco libros son válidos, no quiero decir que tenga el deseo de que sean reimpresos, ni que hayan de quedar para la posteridad, por el contrario, deberían perderse completamente, éste es mi verdadero deseo. Sólo que, ya que existen, a nadie le impido que los conserve si ése es su deseo.

En cambio todo lo demás que yo he escrito (publicado en revistas, manuscritos o cartas), sin excepción, en la medida en que sea accesible o que se pueda conseguir pidiéndoselo a los destinatarios (tú conoces a la mayoría de los destinatarios, en lo sustancial se trata de la señora Felice M., la señora Julie Wohryzek y la señora  Milena Pollak; sobre todo, no olvides un par de cuadernos que tiene la señora Pollak)—todo eso sin excepción y de preferencia sin ser leído (no te prohíbo a ti que lo veas, aunque preferiría que no lo hicieras, pero no deben verlos ninguna otra persona)—, todo esto ha de ser quemado sin excepción alguna y te ruego que lo hagas lo más pronto posible.

Franz

Correspondencia tomada del libro ¿Éste es Kafka? de Reiner Stach traducido por Luis Fernando Moreno Claros, (Acantilado, pg. 299 – 301).

Ante tamaña evidencia, eran obvias dos cosas. Primero, que Max Brod fue el albacea elegido por Kafka, en cuanto a su trabajo literario. Segundo, que Brod tenía instrucciones específicas respecto a los manuscritos de Kafka y la obligación de cumplirlas; sin embargo, no solo no quemó sus obras, por si no fuera poca tal transgresión, fue publicando progresivamente aquellos textos prohibidos por su autor, incluida aquella novela de la que les hablé en un principio.

¿Traición a Kafka? En mi opinión, Brod se dedicó a promover el talento subvalorado de su amigo en vida, alguien que cayó en el bucle de la depresión y autoexigencia obsesiva, antes de morir.  Si hoy conocemos a Franz Kafka, como lo conocemos, es porque detrás de él, estuvo un tal Max Brod, con quien no debemos ser mezquinos al atribuirle el calificativo de “traidor”. Brod tomó las regalías de las obras de Kafka, a cambio de inmortalizar su nombre. Parece justo.

Hoy, supongo que Kafka y Brod ya habrán discutido el tema que los involucra. Quizá Brod, ya le haya rendido cuentas a Kafka en el mundo de las almas; pero quizás sea este mundo, el que agradezca a Brod por esa osadía, que nos permitió conocer a un referente de la literatura universal.

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miércoles, 8 de diciembre de 2021

EL ARTE CONCEPTUAL Y JOHN LENNON

A finales del sesenta y seis, John Lennon, fue a una exposición de arte conceptual, en la galería Indica de Londres.

Estando en ese lugar vio algo que le llamó la atención. En un extremo de la galería se encontraba una escalera y sobre ella una lupa. El ejercicio consistía en subir los escalones y utilizar la lupa para ver un escrito pintado en un cuadro colgado en el techo. Jhon lo hizo. Leyó ya palabra “yes”. Conmovido por aquel símbolo de positivismo, preguntó de quién era tan sutil mensaje. La artista era Yoko Ono. Aquella obra fue suficiente para conocerse y enamorarse poco tiempo después.

Años más tarde, viviendo con Yoko, ambos migran a Nueva York. Lennon, fue activamente protestante contra el gobierno de los Estados Unidos. En su disco “Some time in New York City”, hablaba de los sucesos ocurridos en la cárcel de Attica, el activismo de Jhon Sinclair. Sumado a ello, se conocía abiertamente sus vínculos con “Las Panteras Blancas”, colectivo político estadounidense de izquierda radical y antirracista.

Lennon, no quería vivir más en Inglaterra; sin embargo, por su comportamiento, durante muchos años le negaron la famosa “Green card”. A tanta insistencia y con la condición de no seguir con esa actitud rebelde, el gobierno le otorga a mediados del setenta y cinco, la residencia estadounidense, cambiando la vida del “Beatle”.

Con una visión más realizada y madura, lejos de drogas y el nacimiento de su hijo, Lennon viajaba mucho, buscando paz, armonía y tranquilidad. En una de esas incursiones, en las Islas Bermudas, Jhon descubre una flor llamada “Double Fantasy”. Esto le devolvió la inspiración y las ganas de volver a grabar un disco, al que tiempo después tituló con el nombre de aquella flor, que le había impresionado.

La tarde del ocho de diciembre de 1980, a salir de su departamento ubicado en el Edificio Dakota – famoso por la película de terror “Rosemary's Baby”-, acompañado de Yoko, es abordado por un supuesto fan, llamado David Chapman. El sujeto le pidió a Lennon, que le autografiase un disco, aquel con el nombre de flor. El momento fue captado por un fotógrafo aficionado llamado Paul Goresh, capturando en imagen a John Lennon y a quien se convertiría en su asesino, horas después.

Al regresar ese mismo día como a las once de la noche, David Chapman, esperaba a Lennon. Realizó cinco disparos, atentando contra su vida. Después del hecho, el asesino no huyó, se quedó en la escena, leyendo un libro que traía entre manos, “El guardián entre el centeno”, la historia de un personaje con problemas emocionales, tal como él.

La foto de este artículo fue realizada por Yoko, quizás, en su afán de expresar su arte conceptual, constituida por una mesa sobre la cual, reposan los lentes de Lennon, su sangre y un vaso con agua, que él “Beatle”, nunca llegó a beber.

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viernes, 19 de junio de 2020

LA HERENCIA DE CARLOS RUIZ ZAFÓN


Hace unas horas nada más, la línea editorial Planeta, dio a conocer al mundo, el deceso del escritor español Carlos Ruiz Zafón. Fue un comunicado muy sentido y emotivo. Una noticia que no se esperaba por estos días. El novelista que contaba con cincuenta y cinco años, se encontraba en la plenitud de su obra literaria.

Durante algunos años de su juventud, se dedicó a la publicidad. Fue comunicador brillante, sin embargo, siempre mantuvo su placer por la escritura, una de las formas más elementales de comunicación. A los veintiocho años decidió dedicarse a ser un escritor a tiempo completo.

Sus primeras publicaciones fueron literatura juvenil. Con su primer premio en las manos se fue a Estados Unidos, siempre sintió una fascinación por Los Ángeles, su residencia. Ocho años después de su primera novela, publicó La sombra del viento, obra con la que inicia su tetralogía llamada El cementerio de los libros olvidados, sin embargo, creo que Zafón no me aceptará el término “primera”. Para él, su tetralogía podía empezarse con cualquiera de los cuatro libros, es decir, leerlos por donde se quisiera, pues fueron trabajados para poder abrirse y empezarse por cualquier lugar. 

Cuando alguna vez le preguntaron por la satisfacción de su éxito, con total humildad señaló que, para cualquier escritor, sobrevivir es suficiente. Nunca espero mucho, todo el reconocimiento a su trabajo siempre lo tomó como un regalo, un privilegio.

Un eterno amante de los dragones. Aquella criatura según su visión, siempre era el héroe en los cuentos. En su último conteo, descubrió que tenía en su casa, más de quinientas figuras de dragones. Cada una de ellas guarda pequeñas anécdotas, como problemas con las aerolíneas al momento de trasportarlos, o el pago de asientos extra. Siempre portaba un distintivo de aquel animal fantástico.

Un escritor sumamente ordenado, hasta para vivir. Sus planes sabidos, siempre se han cumplido. Siempre fue consiente en vivir el presente, consiente que estaba sometido a la voluntad del destino, sin embargo, una dirección era necesaria, saber a donde ir, porque, él que no sabe a dónde va, no llega a ningún sitio.

Comúnmente las adaptaciones de novelas y libros, al cine, no reúnen las expectativas del lector, las razones siempre suelen ser múltiples. Inclusive, muchos escritores fueron duros críticos de los guiones empleados por los cineastas para adaptar sus novelas, pues es un trabajo difícil. Carlos Ruiz Zafón nunca se arriesgó a algo parecido. Nunca estuvo dispuesto en adaptar -o que adaptasen- alguna de sus novelas al cine o algún otro formato propuesto. Según Infobae, en una entrevista de radio, tiempo después de la publicación de La sombra del viento, afirmo que sería una “traición” adaptar su obra a la pantalla grande dado que “que es imposible hacer una mejor película que la que uno va a ver cuando empiece a leer la novela (...) Sería redundante, irrelevante y totalmente innecesario”, principio que le llevó a rechazar muchas ofertas.

Muchos años después detalló que no quería transformar su saga en una película o una serie de televisión porque estaba interesado en trabajos nuevos. “No tendría sentido dedicar años a adaptar a otro medio aquello que ya hecho del modo en que lo quería hacer”, manifestó.

Quizás esta afirmación contextualice con precisión su idea. Dice Zafón: “Estos libros son un homenaje a la literatura, a todas las personas que existen en torno del mundo libro —escritores, lectores, editores, libreros—, y sería un poco deshonesto transformarlos en otra cosa, sencillamente para hacerlos algo más popular. No hace falta que todo sea una película o un videojuego. Quiero preservar este mundo tal como está. Nada cuenta una historia con la riqueza, la profundidad y la complejidad de una novela si está bien escrita y está bien construida”.

Como estaba claro, para el novelista, el libro no puede transformarse en otra cosa, sus libros están hechos como deben, su versión definitiva, siente cariño por ellos, por su trabajo. Son un homenaje a la palabra escrita, al lenguaje literario.

En la Feria del Libro de Guadalajara expreso que el tiempo que tenemos para hacer cosas en la vida es limitado, quería dedicar el tiempo que le queda, en hacer cosas que valgan la pena, no hacer lo ya hecho antes.

Hoy, muchos de sus colegas se han despedido de Carlos Ruiz Zafón, una víctima más de ese terrible mal, llamado cáncer. Quizás, se me escapa algún detalle interesante que podría contar de él, sin embargo, considero que el mejor homenaje que podemos hacerle es valorar su trabajo como corresponde, pues nos dejó una herencia extraordinaria.

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viernes, 15 de mayo de 2020

LOLITA, FICCIÓN SOBRE REALIDAD

Mario Vargas Llosa señala en su libro Cartas a un joven Novelista que, la raíz de todas las historias –refiriéndose a la actividad literaria- es la experiencia de quien las inventa, lo que no significa que se trate de una biografía disimulada del autor. Señala que no existen excepciones, que no existe la pura invención química en el dominio literario, que todas las ficciones son arquitecturas levantadas por la fantasía y la artesanía sobre ciertos hechos, personas, circunstancias, que marcaron la memoria del escritor y pusieron en movimiento su fantasía creadora.

Sentado esto como introducción, estarán pensando, ¿en qué se relaciona la apreciación de la inspiración literaria que podría tener Vargas Llosa con una novela clásica como Lolita? A juzgar por el título de la presente publicación, pensar en un acercamiento entre la ficción y la realidad, sería lo más coherente.  

Vladimir Nabokov, fue un escritor de origen ruso, nacionalizado estadounidense. Dejó Europa en mil novecientos cuarenta, huyendo de la segunda guerra mundial para dirigirse a Estados Unidos. Trabajó inicialmente como profesor de literatura rusa pues ya contaba con algunos trabajos publicados, razones por las cuales empezó a escribir en inglés, traduciendo sus primeros escritos.

Lolita, fue la novela con la que Nabokov alcanzó mayor popularidad. En sus propias palabras, le tomó cinco años escribirla. Se trataba de un trabajo minucioso que desde su publicación fue controversial. En síntesis, contaba la historia de un hombre mayor que se enamora de una niña de doce años. El prólogo fue realizado por un falso doctor en filosofía quien cuenta, que el protagonista Humbert Humbert murió y por un encargo publicó su manuscrito, es decir, la novela.

El escritor Juan Fernando Jaramillo, señala en su análisis, que Mashenka, la primera novela escrita por Nabokov, publicada en mil novecientos veintiséis, es la primera Lolita. Particularmente en esta historia, el personaje Ganin guarda cariño a Mashenka, su primer amor, a quien conoció a los 16 años en los campos rusos, y a quien no ve desde entonces. El tema en común es el delirio de un hombre que toma la vida por el camino arduo y que termina por convertir a su nínfula en el centro de sus fantasías. La Editorial Anagrama, señala que el cuento titulado El hechicero, publicado en mil novecientos treinta y nueve, fue calificado por Nabokov como la primera palpitación de Lolita, porque también en ella se narra una historia de paidofilia. Finalmente, el escritor Martin Amis en un artículo publicado en The Times Literary Supplement, aludía “una infestación de ninfas” en la producción del escritor ruso, afirmando inclusive que, de sus diecinueve ficciones, por lo menos seis se refieren a la sexualidad de niñas.

Como está demostrado, las relaciones algo prohibidas y un poco desinhibidas, siempre fueron un tema recurrente en el trabajo de Vladimir Nabokov, pero ¿es posible encontrar el origen real de la ficción de Nabokov?, ¿es posible que Nabokov haya encontrado una historia real, que haya marcado su memoria para escribir su novela? en respuesta, es posible.

La periodista Sarah Weinman publicó un libro llamado The real Lolita, una investigación donde se afirma –tomado de la propia web de Weinman- que, el tema de la novela se inspiró en un caso de la vida real: el secuestro de Sally Horner de once años, suscitado en mil novecientos cuarenta y ocho, es decir, siete años antes de la publicación de la novela. La periodista afirma que su investigación cuenta con documentos legales, registros públicos, entrevistas y los argumentos suficientes, para concluir que Nabokov sabía del caso de Sally Horner y realizó muchos esfuerzos para ocultar ese conocimiento durante el proceso de escribir y publicar su novela.

El investigador Alexander Dolinin, presuntamente encontró un recorte de prensa del caso Sally Horner entre los archivos del novelista ruso, con lo cual podría concluirse que Nabokov conoció el caso y lo estudio al detalle; por tanto, si las relaciones algo prohibidas y un poco desinhibidas, eran de mucho interés para el ruso, es muy probable que al tomar conocimiento del caso de Sally Horner, este le haya ayudado a desarrollar la historia de su novela.

Habiendo revisado estos antecedentes y contestando a la pregunta inicial, podríamos decir que Lolita, es una ficción, como pocas, inspirada en la realidad, como muchas. Solo un tema tan delicado y que nadie se atrevía a tocar en la época, le hicieron escribir a Nabokov una historia tan arriesgada.

Un año después de la publicación de Lolita, Nabokov escribió un ensayo llamado “Sobre un libro llamado Lolita”, un texto en el cual el escritor justifica la historia como una novela, no como una obscenidad, erróneamente calificada. Su defensa era razonable.

El escritor, no era muy recurrente en las entrevistas y apariciones públicas, mucho menos si eran para hablar de su trabajo. Uno de los pocos registros que se tiene de él frente al lente de una cámara es en el programa Apostrophes, conducido por Bernard Pivot. En esa entrevista, que data de mil novecientos setenta y cinco, el ruso hizo algunas afirmaciones sustanciales de su novela tan controversial. Nabokov señaló que no le molestaba el éxito de su novela, no le molestaba la popularidad que había ganado, lo que sí le molestaba eran las comparaciones que hacían a la protagonista, Lolita, con mujeres mal vistas dentro de la sociedad, rebajando su inocencia, convirtiéndola en alguien perverso –propio de personas que nunca leyeron el libro-, cuando en verdad fue pensado como un personaje a quien corrompen dentro de la historia, una víctima.

Esto es una prueba que acredita las afirmaciones de Vargas Llosa que les presenté al principio. No existe la pura invención química en el dominio literario y no debe perturbarnos la idea que así fuese. La realidad suele ser una fuente de inspiración de los escritores. Jhon Grisham era abogado y hoy en día tiene novelas de éxito que describen el litigio en los tribunales. El propio Vargas Llosa describe en La Ciudad y los Perros, sus vivencias en el colegio Leoncio Prado y muchas otras vivencias en muchos otros libros. Conocer las raíces de las invenciones literarias, es un análisis aparte; investigar al respecto es maravilloso, es ir más allá de la historia contada, es saber que pensaba el escritor, lo que conoció y como te lo cuenta.


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martes, 3 de marzo de 2020

EL PERÚ SEGÚN JULIO VERNE



Todo amante de la literatura, sin duda ha tenido que zambullirse en el mundo de Julio Verne, un francés que, por sus numerosas novelas e historias, vanguardistas y surrealistas, es catalogado como el padre de la ciencia ficción.

No fue fácil para Verne dedicarse a la literatura. Su padre quería que fuera abogado. Financió su carrera; sin embargo, a pesar de internarlo, Julio Verne no pudo contener su pasión para escribir y lo dejó todo. Pronto consiguió entrar a una revista donde oficialmente comenzó su carrera como escritor. Cuando su padre se enteró de aquel acto rebelde, le quitó el financiamiento y nunca más le dio un centavo.

Años después, en París conoció a los Dumas, padre e hijo. Gracias a ellos se vio involucrado en el mundo de las novelas que fueron su apoyo durante mucho tiempo. También conoció a Víctor Hugo, de esa manera pudo regalar al mundo historias fantásticas, inimaginables para la época, que hoy en día pueden encontrase en cualquier estante como un género especial. Desde mil novecientos setenta y nueve, sus libros están entre los más traducidos del mundo junto con las obras de William Shakespeare y Agatha Christie.

No existen registros que Julio Verne haya llegado a pisar suelo peruano, pese a tener fascinación por las aventuras viajes y descubrir nuevos parajes, incluso que podrían servirle en su actividad literaria, no viajaba mucho (Su único vuelo en globo aerostático duro tan solo veinticuatro minutos. Aun así, su primera novela que publicó en mil ochocientos sesenta y tres se llamó “Cinco semanas en un globo”, con la que logró consagrarse como un escritor respetado y admirado); sin embargo, Verne conoció al artista peruano Ignacio Merino, un pintor que gozó de gran prestigio internacional y que vivió en Francia.


Ignacio siempre recordaba al Perú, expresaba bastante de nuestro país en sus obras, lo que despertó interés en Verne. Es muy probable que aquellas historias trasladadas del pintor al escritor hayan sido las razones para que el escritor, elija a nuestro país como escenario de Martín Paz, un relato escrito en mil ochocientos cincuenta, aproximadamente. Publicar la trama o un mínimo argumento de este relato, podría ser imprudente para la curiosidad de muchos que quieren conocer a fondo la historia, sin embargo, trasladaré la descripción que Verne por esos años hizo a nuestro país:

El dorado disco del sol habíase ocultado tras los elevados picos de las cordilleras; pero a través del transparente velo nocturno en que se envolvía el hermoso cielo peruano, brillaba cierta luminosidad que permitía distinguir claramente los objetos.

Era la hora en que el viento bienhechor, que soplaba fuera de las viviendas, permitía vivir a la europea, y los habitantes de Lima, envueltos en sus ligeros abrigos y conversando seriamente de los más fútiles asuntos, recorrían las calles de la población.

Había pues, gran movimiento en la plaza Mayor, ese foro de la antigua ciudad de los Reyes. Los artesanos disfrutaban de la frescura de la tarde, descansando de sus trabajos diarios, y los vendedores circulaban entre la muchedumbre, pregonando a grandes voces la excelencia de sus mercancías. Las mujeres, con el rostro cuidadosamente oculto bajo la toca, circulaban alrededor de los grupos de fumadores. Algunas señoras en traje de baile, y con su abundante cabello recogido con flores naturales, se paseaban gravemente en sus carretelas. Los indios pasaban sin levantar los ojos del suelo, no creyéndose dignos de mirar a las personas, pero conteniendo en silencio la envidia que los consumía. Los mestizos, relegados como los indios, a las ultimas capaz sociales exteriorizaban su descontento más ruidosamente.

En cuanto a los españoles, orgullosos descendientes del Pizarro, llevaban la cabeza erguida como en el tiempo en el que sus antepasados fundaron la ciudad de los reyes, envolviendo en su desprecio a los indios, a quienes habían vencido, y a los mestizos nacidos de sus relaciones con los indígenas del Nuevo Mundo. Los indios, como todas las razas reducidas a la servidumbre, sólo pensaban en romper sus cadenas, confundiendo en su profunda aversión a los vencedores del antiguo imperio de los incas y a los mestizos, especie de clase media orgullosa e insolente.

Los mestizos que eran españoles por el desprecio con el que miraban a los indios e indios por el odio que profesaban a los españoles, se consumían entre estos dos sentimientos igualmente vivos.

Cerca de la hermosa fuente levantada en medio de la plaza Mayor, había un grupo de jóvenes todos mestizos, que, envueltos en sus ponchos con manta de algodón de cuadros, larga y perforada con una abertura que da paso a la cabeza, vestidos con amplios pantalones rayados de mil colores, y cubiertos con sombreros de anchas alas hechos de paja de Guayaquil, hablaban, gritaban y gesticulaban.

(…)

La ciudad Lima está situada en un rincón del Valle del Rímac, y a nueve lenguas de su embocadura. Las primeras ondulaciones del terreno, que forman parte de la gran cordillera de los Andes, comienzan al Norte y al Este. El valle está formado por las montañas de San Cristóbal y de los Amancaes. Estas montañas se levantan detrás de Lima y terminan en sus arrabales. La ciudad, que se encuentra en un lado del río, se comunica con el arrabal de San Lorenzo, que está en la orilla opuesta, por un puente de cinco arcos, cuyos pilares anteriores oponen a la corriente su arista triangular.

Los posteriores ofrecen bancos a los paseantes en los que se sientan los desocupados en las tardes de verano, para contemplar desde allí una hermosa cascada.

La ciudad tiene dos millas de longitud de Este a Oeste, y milla y cuatro de anchura, desde el puente hasta las murallas. Éstas, de doce pies de altura y diez de espesor en su base, están construidas con ladrillos secados al sol, formados de tierra arcillosa, mezclada con paja machacada, capaces de resistir los temblores de la tierra, bastante frecuentes en aquel país. El recinto tiene siete puertas y tres postigos y termina en el extremo sudeste por la pequeña ciudadela de Santa Catalina.   

(…) Lima fue en otro tiempo el principal depósito del comercio de América en el océano Pacífico, gracias a su puerto del Callao, construido en 1779 de un modo singular. Se hizo encallar en la playa un viejo navío de gran tamaño lleno de piedras, de arena y de restos de toda especie, y en torno de aquel casco se clavaron en la arena estacadas de manglares enviadas de Guayaquil e inalterables al agua, formándose así una base indestructible, sobre la que se levantó el muelle del Callao.

El clima, más templado y suave que el de Cartagena o Bahía, situadas en la costa opuesta de América, hace de Lima una de las ciudades más agradables del Nuevo Mundo. El viento tiene allí dos direcciones invernales: o sopla del Sudoeste y se refresca al atravesar el océano Pacífico, o sopla del Sudeste, refrescando el ambiente con la frescura que ha recogido en los helados picachos de las cordilleras.

(…)

Los baños de mar de Chorrillos, encuéntrense a dos leguas de Lima. Es una parroquia india que posee una bonita iglesia y durante la estación del calor es el punto de reunión de la sociedad elegante limeña. Los juegos públicos, prohibidos en Lima, están abiertos en Chorrillos durante el verano y a ellos concurren las señoras de dudosa moralidad, que, actuando de diablillos, hacen perder a más de un rico caballero su caudal en pocas noches.

(…)

Podemos concluir que Ignacio Merino, describió lo más exactamente posible a nuestro país, y que Julio Verne pudo fascinarse con un escenario que nunca conoció. Podemos concluir también que, para Julio Verne, la inhóspita américa, contaba con muchas tradiciones que deslumbraban y maravillaban, resultando hacer del Perú un mundo de Julio Verne.



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martes, 6 de agosto de 2019

EINSTEIN. EL BUEN AMIGO DE HAYA DE LA TORRE


Transcurría marzo de 1971 y Víctor Raúl Haya de la Torre recibía en su domicilio a un joven César Hildebrandt. ¿Se siente un revolucionario? Preguntó el periodista. “Ah sí, naturalmente. Creo que esa será mi filiación cuando… Cuando se muere la gente, entonces ya no se le discute. Yo sí me siento firme en mis ideas porque –no sé si será una ilusión- pero cada día que pasa las confirmo más… Creo que no me he equivocado en cuanto al destino de la humanidad…” ¿Cuál destino? (Interrumpe César) “El destino de la coexistencia pacífica. El otro es la guerra, y ese es el suicidio universal. Lo dijo Einstein…”.

Aun siendo un joven estudiante universitario, Víctor Raúl se fue del Perú en 1923, llegando a Europa. Ese paso en Europa fue muy enriquecedor para él, sobre todo el conocer Alemania. Allí tuvo la oportunidad de conocer al científico Albert Einstein.

Víctor Raúl contó en sus memorias de aquella etapa europea que el primer encuentro fue casual, en una estación del tren interurbano. El segundo fue en un concierto benéfico donde Einstein tocó el violín en la sinagoga mayor de la vieja Monbijoustrasse de Berlín en 1930. El tercer encuentro fue durante una disertación de Albert Einstein ofrecida en la Conferencia Mundial sobre Energía, en la que expuso su teoría del espacio y tiempo. Fue la genialidad de Einstein que emocionó a Víctor Raúl aquella noche.

El contacto que estos dos personajes tuvieron en Europa, nunca se perdió. El Historiador Hugo Vallenas Málaga nos cuenta parte del gran aprecio que Einstein tenia a Víctor Raúl. Una muestra de ello fue aquella carta al dictador Sánchez Cerro, donde Einstein clamaba por la liberación de Víctor Raúl en 1932. La misiva decía: “Destrucción ilustres personas es detrimento e ignominia para colectividades nacionales y universales. Vosotros asumís grave responsabilidad sobre suerte Haya de la Torre”. No sabemos si la referida comunicación fue determinante para que Víctor Raúl fuese liberado; sin embargo, la voz del genio alemán se plegó a la de otros grandes personajes mundiales como Rabindranath Tagore (Nobel en 1913), Romain Rolland (Nobel en 1915), José Ortega y Mahatma Ghandi entre otros.

Víctor Raúl también contó aquel marzo de 1971 que Einstein le dijo: “Estoy completamente de acuerdo con que los rusos –robada o no- se hayan llevado la energía atómica porque solo así tendremos la posición competitiva, el conocimiento de los riesgos. Por eso es que no ha habido una guerra hasta el momento”. Cuanto alivio siento al saber a través de Víctor Raúl Haya de la Torre, que hasta ahora, Einstein tiene razón.



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martes, 9 de julio de 2019

UNA ANÉCDOTA DEL PASADO





Mario Vargas Llosa y Gabriel García Márquez fueron muy parecidos en ciertos aspectos. Ambos compartían una pública devoción por William Faulkner, en su momento, ambos fueron dos simples latinoamericanos vagando por Europa, ambos fueron criados por sus abuelos maternos, ambos mantuvieron una relación conflictiva con sus respectivos padres, ambos fueron parte de aquella corriente noventera y deslumbrantemente literaria llamada “El boom latinoamericano”, ambos ganaron el premio nobel; sin embargo, tanto parecido no resultó ser nunca un eximente de ciertas diferencias.

Fue un 12 de febrero de 1976, los escritores se encontraban en México D. F, fueron invitados al estreno de “Supervivientes de los Andes”, la famosa película que recreaba el accidente de avión de un equipo de rugby y los episodios de canibalismo para poder sobrevivir hasta que eran rescatados. En un determinado momento, mientras Vargas Llosa andaba en el vestíbulo del Palacio de Bellas Artes, García Márquez se acercó a saludarlo. Cuando se tuvieron frente, el uno al otro, el escritor colombiano recibió un puñetazo en la cara por parte del escritor peruano.

Al día de hoy, no existe una explicación certera de la reacción de Vargas Llosa, pues ambos protagonistas durante el paso de los años han eludido con gran astucia cualquier pregunta de aquella noche, sin embargo, el británico Gerald Martin en la biografía que escribió de Gabriel García Márquez, señala que el escritor peruano, tan sólo le dijo a Gabo: “¡Esto, por lo que le hiciste a Patricia en Barcelona!”.

Es sabido que, por esos años, Mario vivía una crisis de pareja con su mujer de entonces, Patricia Llosa. Es sabido también que, por la cercanía de ambos escritores, ella encontró una amistad en Gabo y Mercedes Barcha, su mujer. Hubo, quizás, malos entendidos que llevaron a los celos, pero eso siempre fue un misterio, hasta para el mismo García Márquez, pues alguna vez manifestó al periodista Óscar Alarcón del diario Correo lo siguiente: “Cuando me vi con Mario, me pareció verlo sonreír y que trataba de abrazarme. A esto se debió que cuando me pegó estaba completamente indefenso y con los brazos abiertos, de lo contrario me hubiera protegido por lo menos la cara”.

Lo más parecido a una reconciliación, fue lo que ocurrió al publicarse la edición conmemorativa de “Cien años de soledad” por parte de la Real Academia Española. Ahí, Vargas Llosa dio permiso para que se publicara en el prólogo “Cien años de soledad, realidad total, novela total”, su análisis completo a la obra de Gabo; sin embargo, antes ya había escrito sobre él en “Historia de un deicidio”. Al hablar de Cien años de soledad, Vargas Llosa recordó cómo el libro de Gabo lo deslumbró. “Pensé que por fin América Latina tenía su novela de caballerías, una narración en la que primaba lo imaginario sin que desapareciera el sustrato real. Tiene además la virtud de pocas obras maestras: la capacidad de atraer a un lector exigente preocupado por el lenguaje y, a la vez, a un lector elemental que solo sigue la anécdota”.  También dijo que, para él, la novela más floja de Gabo es El otoño del patriarca. “Parece una caricatura de García Márquez, la novela de alguien que se está imitando a sí mismo”.

Cuando Gabo falleció, Vargas Llosa recibió la noticia con profunda tristeza, quizás con la misma tristeza que recibió la muerte de Fernando de Szyszlo, la muerte de Cortázar o la de Carlos Fuentes.

Vargas Llosa actualmente tiene 83 años y es el sobreviviente del llamado Boom latinoamericano, aquel movimiento que mencione en un principio, aquel que cambio el arte en letras del mundo, otorgándonos un lugar, donde no existe espacio para las rencillas pues importan poco y nada, un propósito más de la cultura que emerge para disolver las diferencias.



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martes, 19 de febrero de 2019

¿NOBEL? NO, GRACIAS




Quien, leyendo el título de esta publicación, piense en la autógrafa idea de rechazar alguna vez un galardón de tal magnitud en el mundo literario, puede sentirse tranquilo: no me refiero a nada parecido; sin embargo, procederé a contar quienes sí lo hicieron, profundizando en uno de los más recordados de la categoría de Literatura.

El Premio Nobel se entrega desde el año 1901 en las categorías de Física, Química, Fisiología o Medicina, Literatura, Paz y a partir de 1968 el seudo premio de Economía (instituido por el Banco de Suecia, no siendo voluntad de Alfred Nobel).

Por presiones del régimen Nazi tres alemanes galardonados en sus respectivas categorías fueron obligados a rechazar el premio. En el año de 1938 Richard Kuhn ganó el premio Nobel de Química por sus investigaciones sobre las vitaminas; terminada la segunda guerra mundial, pudo recibir su galardón en 1948. Lo mismo sucedió con Gerhard Domagk y Adolph Butenandt en 1939. A Domagk se le otorgó el premio de medicina por el descubrimiento del prontosil, el primer fármaco de síntesis con acción bacteriana amplia. Pudo recibir su premio en 1944. Por su parte Butenandt fue ganador en la categoría de Química por su trabajo con las hormonas sexuales; pudo recibir su premio en 1949.

BORIS PASTERNAK

En 1958, el poeta y novelista ruso Boris Pasternak, ganó el Premio Nobel de Literatura por su polémica novela “Doctor Zhivago” después de ser nominado hasta en 6 oportunidades; sin embargo, se vio obligado por el gobierno a renunciar al premio amenazado con ser expulsado de la Unión Soviética. Mucha polémica despertó la publicación de su novela. Los políticos la censuraron sin leerla considerándola reaccionaria y provocadora hacia el gobierno soviético. La novela no pudo ser publicada en la patria del escritor hasta 1988. Pasternak, respondió a la academia con una carta en la que argumentaba: "Considerando el significado que este premio ha tomado en la sociedad a la que pertenezco, debo rechazar este premio inmerecido que se me ha concedido. Por favor, no tomen esto a mal".

JEAN-PAUL SARTRE

En 1964, el escritor francés, teórico de izquierda y representante del existencialismo, ganó el premio Nobel de Literatura. A diferencia de los antes mencionados, el autor de la obra filosófica "El Ser y la Nada", rechazó el premio por motivos personales. Tras filtrarse la información y enterarse que sería galardonado, el 14 de octubre de 1964, Sartre, envió una carta a la Academia pidiendo que no se le concediera el premio; sin embargo, los miembros hicieron caso omiso a su petición y días después lo anunciaron como ganador de Nobel de Literatura de aquel año. Al día siguiente del anuncio oficial, Sartre publicó una carta en el diario “Le Figaro” diciendo entre tantas cosas lo siguiente:

“(…) Mis razones para rechazar el premio no se refieren a la Academia Sueca ni al Premio Nobel en sí, como expliqué en mi carta a la Academia. En ella, aludí a dos tipos de razones: personales y objetivas. Las razones personales son estas: mi rechazo no es un gesto impulsivo, siempre he rechazado los honores oficiales. En 1945, después de la guerra, cuando me ofrecieron la Legión de Honor, la rechacé, aunque simpatizaba con el gobierno. Del mismo modo, nunca he tratado de ingresar al Colegio de Francia, como sugirieron varios de mis amigos. Esta actitud se basa en mi concepción de la empresa del escritor. Un escritor que adopta posiciones políticas, sociales o literarias debe actuar solo con los medios que le pertenecen, es decir, la palabra escrita. Todos los honores que reciba pueden exponer a sus lectores a una presión que no considero deseable. Si me firmo a mí mismo Jean-Paul Sartre, no es lo mismo que si me firmara a mí mismo Jean-Paul Sartre, Premio Nobel. El escritor que acepta un honor de este tipo involucra, así como a sí mismo, la asociación o institución que lo ha honrado. Mis simpatías por los revolucionarios venezolanos solo me comprometen a mí, mientras que si Jean-Paul Sartre, ganador del Premio Nobel de la resistencia venezolana, también compromete todo el Premio Nobel como institución. Por lo tanto, el escritor debe negarse a dejarse transformar en una institución, incluso si esto ocurre en las circunstancias más honorables, como en el presente caso. Esta actitud es, por supuesto, totalmente mía, y no contiene críticas de quienes ya han recibido el premio. Tengo un gran respeto y admiración por varios de los galardonados a quienes tengo el honor de conocer”.

La carta completa puede leerse traducida al español aquí, una publicación de “Las Noticias de Última Hora”, el 13 de diciembre de 1964, digitalizada por la Biblioteca Nacional de Chile.

Lo anecdótico del rechazo de Sartre al premio nobel de Literatura, fue que después de 11 años, intentó obtener el dinero correspondiente al premio, esto causó mucha molestia en sus seguidores, sin embargo, nunca le entregaron monto alguno; tal como sucedió con Bernard Shaw en 1926 -aceptó el galardón, pero rechazó el importe monetario- las retribuciones rechazadas por los premiados pasan directamente al Fondo Nobel.

Finalmente, terminando con esta historia de rechazos a los reconocimientos ya sean por motivos provocados o personales, en 1973 Le Duc Tho, el político vietnamita, rechazó el premio Nobel de la Paz en 1973, concedido junto a Henry Kissinger por los esfuerzos en los acuerdos que pusieron fin a la Guerra de Vietnam. Para Le Duc Tho, Vietnam aún no estaba en paz y no tenía sentido aceptar algún reconocimiento.

NOTAS:

Apartándome totalmente del tema en cuestión, les recomiendo visitar la web de la Biblioteca Nacional Digital de Chile, que reúne una recopilación de sus archivos en formato digital desde sus soportes originales. Esta relevante iniciativa data desde agosto de 2013, en el marco de las celebraciones del bicentenario de la Biblioteca Nacional de Chile. No voy a entrar en comparaciones banales entre países pero sería estupendo aplicar ese trabajo también en Perú, pues tenemos mucha historia digna de inmortalizar.



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martes, 12 de febrero de 2019

HACE TREINTA Y CINCO AÑOS. GRACIAS CORTÁZAR




"Andábamos sin buscarnos, pero sabiendo que andábamos para encontrarnos" – Julio Cortázar (Rayuela)

Un día como hoy, hace treinta y cinco años, dejó este mundo Julio Cortázar; un hombre sencillo, amable y culto, un escritor como ninguno, digno representante latinoamericano del arte en palabras. Es innegable mi admiración hacia él y su trabajo, prueba de ello son las innumerables menciones sobre sus opiniones y anécdotas que en este blog se han escrito. Por estas razones, doy rienda suelta a este compendio de elogios bien merecidos.

Cortázar nació en Bruselas, sin embargo, vivió durante toda su infancia y juventud en Argentina. Desde muy pequeño contaba con una precoz vocación literaria. Su madre alguna vez le contó que tenía que cogerlo del cuello para que salga de casa a tomar el sol, pasaba tanto tiempo leyendo y escribiendo que incluso un médico le recomendó a su madre que le prohíban los libros.

Escuché de Cortázar hace unos cuatro años aproximadamente y desde ahí nunca dejo de leerlo. De primera mano y en forma automática, al terminar de ver una entrevista de Mario Vargas Llosa en el programa A FONDO de los años cincuenta, se reprodujo la entrevista a Cortázar, esta sería después de tanto, una de las entrevistas más recordadas brindadas por el argentino.

Cortázar empezó a publicar su bibliografía mucho después que empezará a escribir en serio, ello por contar con un nivel de exigencia superior a cualquier escritor de nuestros tiempos, era pues, un autocrítico riguroso, básicamente para no arrepentirse después, sin llegar a confundir estas imposiciones personales con vanidad y suficiencia. También se consideraba un indisciplinado al escribir, quizás eso fue un acierto para Rayuela, su obra maestra, aquella que la concibió con verdadera pasión literaria, tanto así que perdió la noción de tiempo, pues cuando la terminó de escribir, no sabía si era de día o de noche debido a la máxima concentración.

También era un amante del jazz. No es casual que en La vuelta al día en ochenta mundos, dejara en claro su identificación con el referido estilo de música. “A mi tocayo debo el título de este libro y a Lester Young (músico de jazz) la libertad de alterarlo sin ofender la saga planetaria de Phileas Fogg”.

Mario Vargas Llosa señala en Cartas a un Joven Novelista, que Julio Cortázar en sus últimos años siempre decía escribir “Cada vez más mal”, pues le costaba encontrar formas de expresión en sus cuentos muchas veces desafiando la lengua; sin embargo, para Vargas Llosa, Cortázar siempre escribía muy bien, siendo muy claro y fluido, es decir, llegando al lector sin ser denso.

Lo único que se necesita es tiempo para leer las enseñanzas que Julio Cortázar dejó en palabras escritas y verbales. Obstinadamente y sin mucho éxito he buscado El Examen, aquella novela póstuma negada a editarse por su estilo y su redacción en lenguaje lunfardo. La correspondencia cortazariana, un compilado de sus cartas en tres tomos de 1835 páginas en total, cuya edición estuvo a cargo de Aurora Bernárdez, viuda y albacea del escritor. Este libro sería un perfecto regalo de cumpleaños para mí.

Carles Álvarez Garriga es un filólogo apasionado por Julio Cortázar, por esas razones editó en dos ocasiones los regalos que el maestro dejo en vida. Garriga, señala que las lecciones de literatura dictadas por un escritor consagrado son casi un género aparte, por eso editó Clases de Literatura, el curso que dio Julio Cortázar en Berkeley un octubre y noviembre de 1980, aquel donde el escritor estableció un diálogo con sus alumnos y se habló no sólo de literatura, sino también de política, de música, de cine, entre otras cosas. El libro que conseguí y que también fue editado por Carles Álvarez Garriga y su albacea, fue Papeles Inesperados –no les miento, soy feliz por contar con un ejemplar-, una colección de textos escritos por Julio Cortázar a lo largo de toda su vida, encontrados en su casa de París.

Alguna vez Marco Aurelio Denegrí, contó que cuando le preguntaron a Jorge Luis Borges sobre Cortázar, respondió: “Es indudablemente un gran escritor, pero no puedo admirarlo porque es comunista”, Cortázar, en cambio, consideraba a Borges como un maestro de su generación. Admiraba mucho a Julio Verne y se consideraba un cuentista más que un novelista.

Hay mucho que aprender de los escritores e intelectuales cuyos trabajos suelen parecer poco terrenales. Cortázar es uno de ellos; para quien no lo haya leído, entienda que vale la pena. Ya terminando de escribir este post, me doy cuenta que Julio Cortázar nunca murió, siempre está entre nosotros, entre los escritores, entre los cuentistas, entre los jóvenes de todas las generaciones que no lo vieron en vida, pero que sí leyeron sobre él; eso, lo convierte en un personaje memorable.



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martes, 5 de febrero de 2019

DANIEL ALARCÓN Y RADIO AMBULANTE




"Un escritor norteamericano que escribe sobre América Latina y un escritor latinoamericano que por casualidad escribe en inglés”. Así se califica Daniel Alarcón, un escritor nacido el año de 1977 en Perú, pero criado en Alabama desde los tres años de edad.   

Desde muy chico fue testigo del trabajo que desempeñaba su padre como narrador de partidos de futbol en Arequipa, a partir de esas memorias le nació la inspiración para escribir Radio ciudad perdida, su primera novela publicada en el año 2007.

Radio ciudad perdida cuenta la historia de un pueblo sin nombre que aqueja la violencia de un grupo subversivo. En ese lugar vive Norma, una locutora de radio que sufre los problemas sociales de su comunidad. Un día mientras Norma hacía radio, un niño llamado Víctor se presenta en la emisora, su aparición desencadena una serie de hechos que arrastran a la protagonista hacia un pasado que, quizás, hubiera preferido no conocer.

A raíz de la publicación de Radio Ciudad Perdida, la BBC de Londres invitó a Daniel para formar parte de un documental sobre la migración andina a Lima. Daniel recuerda que en la edición del documental, los directores decidieron quitar muchas de las partes habladas en español, pensó que fue un tema de estética; sea cual sea la razón, Daniel era consiente que la voz de muchos latinoamericanos debía ser escuchada; así nació Radio Ambulante, un espacio para que las historias, relatos y experiencias de los latinos tengan un lugar y sean expuestas al mundo de una manera particular, la crónica en formato podcast.

El funcionamiento de Radio Ambulante es totalmente innovador. Todo inicia con la propuesta de una idea ¿A quiénes vas a entrevistar? ¿Qué historia vas a contar? ¿Cuál es el contexto que le da interés a la historia? A partir de ahí se seleccionan los audios interesantes, se elabora el guion, el periodista narra la voz en off y lo editan en un estudio. Este procedimiento convierte a Radio Ambulante en una nueva manera de narrar y contar una historia.

Para Daniel, Radio Ambulante es la extensión de su trabajo literario –con el apoyo de un equipo- que no remplaza en nada a la literatura. Para él, lo que importa es la historia, el cuento; sin embargo, es consiente que existen muchas diferencias bien marcadas. Las novelas son más lentas de producir, es compleja y en ocasiones elitista, por otro lado, una producción de radio es un desafío narrativo, su impacto es inmediato, mayor y global. Más allá de ello Daniel señala en muchas entrevistas que pone el mismo empeño a sus guiones de radio, a sus cuentos y novelas, mismo esfuerzo, mismo cuidado.

Es verdad que las novelas y cuentos en general son cada vez menos leídos, es verdad que en un mundo con mayor cantidad de acceso a la información, las personas definen sus prioridades a través de gustos personales. Los podcast de Radio ambulante –y los podcast en general- son una buena opción para las personas que quieren disfrutar de historias impresionantes, que muchos de los medios ignoran y que en ocasiones las quitan en edición.

Es satisfactorio tener a un escritor como Daniel Alarcón piloteando a un equipo de profesionales para crear un contenido tan digerible para cualquier persona, contenido que no se aparta de su función literaria. Los interesados en escuchar los podcast pueden hacerlo a través de la web de Radio Ambulante: http://radioambulante.org/.


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