Mostrando las entradas con la etiqueta Historias. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Historias. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de febrero de 2019

LA DESPEDIDA (REEDICIÓN)





Hoy, terminando ya el día de San Valentín, ofrezco una reedición de una carta que constituye uno de mis primeros escritos que datan del año 2007 aproximadamente. Espero disfruten.

Hola:

Antes de leer mi carta, imagínate mi voz, esa que te charla y charla al teléfono, esa voz que repetidas veces solo te hablo de una cosa, esa voz que quisiera que no olvides. Imagínatela pronunciando todo lo que estás leyendo. Sitúate en un ambiente tranquilo, como para el momento más sublime en el que te puedas encontrar; después, nada, solo lee…

A mis doce años soñaba con ser un escritor, pero mi problema fue que no sabía que escribir, no sabía cómo empezar una historia, ninguna línea de inspiración. Ha pasado mucho tiempo y creo tener un buen compendio de historias que contar, involucrando todos los aspectos de mi vida. El motivo por el cual te escribo, es porque tú formaste parte de muchos de ellos. Quisiera que lo tengas en cuenta y sepas que tu sola presencia, amerita de mi parte respeto, por una mujer que nunca dejó de serlo, por sobre todas las cosas, una mujer ante todo.

Amo a la mujer, desde que la contemplaba llorar, desde que sentí sus labios por primera vez, desde que escuchaba en sus canciones y letras un sentimiento sincero.

Aunque suene un poco atrevido, me gustaste desde que entraste a mi vida. Tu normalidad, sencillez, y demás características que emanaban de ti, me enamoraron. Las tareas siempre resultaron ser buenas excusas para verte. Después, con más confianza y determinación, fui convirtiéndome en un amigo tuyo. Siempre me preguntaste ¿Por qué yo? mi simple respuesta fue que nadie elige de quien enamorarse. Quizás fue tu dulzura y cortesía lo que se apoderó del sentimiento más tierno que pueda sentir. Con el tiempo yo manipulaba la idea de ser algo tuyo, nunca me atreví a contarte lo que pasaba en mi interior. Una noche te confesé todo. Como era de esperarse solo obtuve como respuesta una risa tuya, siendo esta una respuesta muy positiva pues posteriormente las cosas entre nosotros caminaban muy bien. Para las personas yo estaba demente; era el idiota enamorado, el inepto ilusionado por haber hecho lo que hice. Quizás por lo que decían nunca comprendieron mi actuar hacia ti ¡yo te quería! y quería amarte de muchas formas (y no digo una cantidad pues no conocía muchas), quería que tengas a un chico que en su manera te de todo, sin pensar que tú ya lo tenías.

Nos fuimos conociendo más; soñabas conmigo de muchas formas las cuales desconozco; dicen que los sueños lindos son presunciones de la perfecta realidad que uno desea, conversábamos, nos reíamos, meditábamos, nos apodábamos, nos besábamos, en fin; situaciones que en la medida de los hechos convenían a nuestra relación. No sé cuándo se atenuó el cariño que alguna vez compartimos, me lo pregunte muchas veces y nunca obtuve respuesta, pese a que la tenga ahora, no creo que cambie mucho la historia; de lo que tengo certeza es que algo en tu corazón te hace estimarme más que a cualquiera.

Hace poco, con exactitud hace un mes, cuando todo parecía perfecto, me llamaste para conversar; el tono de tu voz no avizoraba que fuese algo bueno. Sin titubeos me comunicaste la noticia: Ya no estarías para mis momentos de felicidad, ya no estarías en casa, ya no estarías más en la ciudad y nada podía evitarlo. Desubicado y perplejo ante la inesperada noticia, mantenía la mirada fija en el suelo, incrédulo ante lo que escuchaba. No quise comprender nada, mis cuestionamientos y la disputa era inevitable. Tu respuesta, algo que no esperaba, no tenía defensa para enorme golpe bajo ¡Lo mejor hubiese sido que no pase nada! fue tu afirmación. Me quebraste, no lo esperaba y por tu reacción creo que tú tampoco. Salí de aquella habitación muy contrariado, pues por lo que vivimos pensé haber logrado más de lo que podía lograr con una mujer.

Hoy, sentado, muy pensativo en casa, tratando de entenderte, creo que tenías la razón, me hiciste comprender que como van las cosas no llegaríamos a nada y que no te cambiaría el modo de pensar. Tomé muy en cuenta tu respuesta y comprendí que el fin de esta historia estaba cerca ¡y aquí estas! leyendo un texto motivado por tus locas razones. El destino quiso que te lleves una linda experiencia a miles de kilómetros de donde nos conocimos. Siempre te di mi apoyo incondicional como un amigo para que todo te vaya bien. Esta vez no será la excepción, quiero que sepas que todo lo que hoy escribo, con dolor pero con franqueza, está destinado a desearte lo mejor; creo que todo lo que te expreso en estas líneas lo tendrás en cuenta, tu eres libre de hacer lo que quieras sin limitaciones, no puedes nunca someterte a la voluntad de las personas y no podías dejar algo inconcluso.

En todo este tiempo me enteré de muchas cosas muy tuyas, comentarios muy estúpidos de la sociedad, ellos herían mi situación para contigo; nunca los acepte, nunca. Siempre hice oído sordo y vista gorda a comentarios y situaciones que no vale la pena mencionar. Siempre me dijiste que tus ojos son la mejor prueba para nuestras afirmaciones, apoyo la idea, pero ten en cuenta que a veces “no creemos lo que vemos ni vemos lo que creemos”.
Debes saber que nunca hice un escrito a alguna mujer y no sé si alguien te lo hiso alguna vez, eres la persona más bella que fuera de mi hogar he conocido. Tienes razón en decir que necesito reflexionar y superar lo vivido. Ahora me tocará quererte en silencio sin hacértelo notar por lo menos hasta que se me vaya la idea y a ti te tocará ser feliz de la manera que tú elijas lejos de aquí. Preguntarás ¿Por qué hago esto? Bueno, si comprendes lo que escribo aquí, quizás ya lo sepas. Hay muchas cosas que por el tiempo no te he dicho, no salen cuando deben y están aquí. Disculpa las situaciones incomodas, y por no vislumbrar tus ideales de superación por mi insistencia. realmente espero comprendas. Ten en cuenta que soy tu amigo y estaré cuando tú me necesites y quieras, no hay forma de negarle algo a “mi chica”.

Nunca nos dijimos, te amo. Quizás no llegamos a conocer el significado de esa palabra, personalmente pensé hacerlo pues sentí estarlo. Lastimosamente, un sentimiento no se quita con un adiós sino con el tiempo. Si nos vemos más adelante, quiero que me veas como todo un caballero, como me comporte siempre ante ti y me considero porque te respeté desde mi primer diálogo contigo y te respetaré hasta que la vida me regale la dicha de despertarme cada mañana por los siguientes días.

Esta historia ha terminado sin un final feliz y eso porque no es un cuento, sino porque es la vida real en la que estas cosas siempre suelen pasar. Me despido, solo porque tengo que hacerlo, no porque lo quiera.

Adiós

Compartir En:    Facebook Twitter

jueves, 7 de febrero de 2019

UN SUEÑO




Son las cuatro y cuarenta de la madrugada y Fátima ha despertado de un terrible sueño. Trata de volver a dormir, pero al cerrar los ojos, lo único que encuentra son las imágenes de esa pesadilla. Coge su teléfono, quiere hablar con alguien, no sabe a quién llamar. Piensa, toma los audífonos que están en el cajón de su velador, “si no tengo quien me escuche, yo tendré a quien escuchar”, busca a Nuria Saba, suena Atmósfera, Fátima sabe que será una de esas madrugadas, esas de las que no quiere hablar. Amaneceres en las que se ve obligada a mantener los luceros de sus ojos encendidos.

Vestida con un pijama bordado por su abuela, invade su cocina, sobre su taza blanca se prepara un café, mientras lo disfruta a cada sorbo, recuerda a su padre. Recuerda que el amor al café lo heredo de él. En verdad, de su padre heredó muchas cosas, el amor al ajedrez, el amor a nadar, el amor al jazz, entre otras cosas; sin embargo, también le duele pensar que heredó un mal incurable, ese que la alejó de su familia.

Al terminar su café, Fátima regresa a su dormitorio, mira lo abandonados que están sus libros, mira que desde hace mucho no se envuelve en alguna historia desconocida, mira que aquella vieja estantería manifiesta repudio por la gente floja y desordenada. Se para frente a ella, mira cada libro, los mira uno por uno, detrás de ellos existen muchos relatos. Encuentra una edición de El retrato de Dorian Gray, la novela que hurtó de su biblioteca familiar. Sigue mirando cada libro, se encuentra una edición de María, aquella novela de Jorge Isaacs que con mucho amor su madre le regalo alguna vez, “Como no recordar a María”, piensa, aquella historia de amor que por primera vez ella adoró.

Regresa a la cama y prende la Tv, hace zapping hasta que encuentra Friends, la serie favorita de Sofía, su hermana. Extraña a Sofía, extraña esas conversaciones tan privadas y secretas, extraña esa complicidad que albergaba sus tardes escuchando los discos de Big Mountain.

¿Por qué Fátima piensa tanto en ellos? la respuesta es sencilla, porque sabe que nunca más podrá verlos. De pronto, Fátima observa sus ventanas húmedas que proyectan una sensación de tristeza, ya está amaneciendo, muy rápido amanece y unas luces incandescentes queman sus cortinas, el resto es historia…

Lo que entenderán ahora es que ese sueño no era el de Fátima, era un sueño de Sofía, y que las ventanas eran sus ojos, y que la brisa eran sus lágrimas, y que el amanecer era su despertar y que el pensar de Fátima fue el pensar de Sofía, y que Fátima en el sueño de Sofía era Fátima, aquella hermana que nunca más podrá ver, aquella amiga que una noche, vestida con un pijama bordado por su abuela, se dispuso marchar de sus vidas, al sufrir un ataque incontrolable de esa enfermedad incurable, aquella que terminó alejándola de este mundo; sí, como a su padre, como si fuera la protagonista de la novela que le regaló su madre, María…


Compartir En:    Facebook Twitter

jueves, 31 de enero de 2019

LA NOVELA PERDIDA



Esta historia es la continuación de “El Mesero del Sinatra” …

Sí, el padre de Marcelo era un escritor. Durante el día se dedicaba a refaccionar artefactos antiguos, durante las noches se sentaba en su viejo escritorio a la luz de una pantalla, aquella lámina opaca de metal que lo acompañaba desde que Marcelo tenía uso de razón; ahí su padre compaginaba muchas de las hojas de papel que había escrito.

Durante el último año de existencia de su padre –antes de su accidente-, Marcelo lo recuerda riéndose solo en su escritorio, lo recuerda exclamar: “Sobre ellas, yace la más grande historia que haya escrito” todo hacía pensar que preparaba algo grande, tal vez una novela, lo recuerda leyendo lo que alguna vez ya había escrito, lo recuerda digitando ferozmente una vieja máquina de escribir que para la época ya se encontraba obsoleta.

Marcelo también recuerda que, por esos días, su padre desapareció durante casi veinte horas, no lo encontraba en ningún lugar, hasta que buscó en el bar “Cordano”, lugar del cual alguna vez le había hablado. Esa noche, mientras Marcelo regresaba con su padre en el taxi, lo escuchó pronunciar con una voz enérgica: “Ya está hijo. Solo es cuestión de tiempo para que el mundo conozca el poder de mi pluma que con muy poco, hizo mucho”. Tres meses después, su padre murió. Fue un fatídico sábado 19 de febrero, mientras regresaba a casa después de trabajar, atropellado en la Av. Abancay por un vehículo particular, el conductor se dio a la fuga y con la demora de la ambulancia el viejo escritor murió antes de llegar al nosocomio.

Marcelo puso la carta de la editorial “Éxodo” que había encontrado, en su mochila, estaba dispuesto a buscar la novela de su padre, aquella obra que nunca su autor llegó a recoger, que nunca vio impresa, que nunca vio la luz, aquella historia negada por el destino y que yace en los archivos de una imprenta sabrá dios en qué condiciones, esperando que alguien la ponga en una estantería, el lugar en el que hubiese soñado verla su autor.

Antes de dormir, Marcelo se atrevió a revisar los viejos manuscritos de su padre, los respetaba mucho, sin embargo, esa noche los leyó en parte:

(…)

En abril, hace ya unos 40 años, mientras me encontraba en el salón de clase retraído ante la algarabía de mis compañeros, yo no estaba muy cómodo. Siempre fui muy solitario, actitud de la cual hoy me arrepiento pues nunca compartí nada con nadie. Como de costumbre y por mi comportamiento dentro de la escuela, la silla de mi costado estaba desocupada. Al sonar el campanazo de ingreso todos nos acomodamos en nuestros pupitres, la maestra ingresó al salón de clases, de sus manos la cogía una niña. Noelia llegó a mi vida para quedarse siempre.

(…)

Es curioso como la inocencia se da lugar en nuestras vidas para marcarlas con recuerdos de nunca olvidar. La inocencia siempre te hace creer lo increíble, soñar lo imposible, confiar en quien no debes, hacer cosas que guiado por la inexperiencia y la poca madurez, terminan marcándote por el resto de tus días. Si la inocencia te hace confiar en quien no debes, la traición está de por medio y esa fue la enfermedad que adquirieron mis amigos.

(…)

Sus padres cuentan que antes de salir, discutieron, ella siempre hizo lo que quiso, ella era rebelde decían, lo peor fue que yo siempre fui testigo de esa actitud, siempre convenimos hacer las cosas diferentes. Si hubiera sabido que su rebeldía seria la causa de su muerte, nunca se lo hubiese permitido. Por esas actividades libertinas. Hoy, después de haberla conocido estoy al frente de su féretro. Hoy, algo me obliga a tener que expresarme este día, antes de su entierro.

(…)

Los escritos de su padre le parecieron melancólicos y tristes. Después de leer esos tres textos, tan desaventurados y trágicos, se imaginaba que la novela de su padre seria más de lo mismo, sin embargo, a Marcelo eso no le importaba, él debía sincerarse, su objetivo era lucrar con la obra de su padre, pero no indebidamente. Marcelo quería cumplir su sueño de estudiar derecho, ayudar a su madre, contribuir con la educación de Rodrigo (8) y Carlos (15), sus hermanos, y que solo con un poco de suerte, su padre vuelva a ser el sustento familiar después de muerto.    

A la mañana siguiente, al terminar de asistir a su madre –sin decir nada de la novela perdida de su padre- y antes de ir al “Sinatra”, Marcelo se dirigió hacia la editorial “Éxodo”. El bus lo dejó a unas cuantas cuadras, “Es momento que el mundo conozca el poder de tu pluma y ver si con muy poco, hiciste mucho, papá”, pensó mientras caminaba al referido lugar.



Compartir En:    Facebook Twitter

jueves, 18 de octubre de 2018

DEMASIADO TARDE




Algo que pensé iniciar el miércoles pasado
no resulto en estos días,
por eso estoy aquí,
para cambiar mi imagen ante estas personas
y por más difícil que parezca
quisiera renovar muchas cosas,
pero ya tu me dijiste que es imposible.


La historia donde era el protagonista
no funcionó.
Violé mis propias reglas…
¡mediocre!
Dios, no me quiero ir,
tengo un gran futuro,
ese que aún no conozco,
ese que aún no empecé a labrar.


Supe lo bueno y lo malo,
la vida es linda y en verdad cortita,
fui estúpido al cortarla más.
Importa el amor, no las deudas
la familia, no la lujuria
la vida, no esto…

¡Dios, hablo contigo!
 sé que estás conmigo,
te pido apoyo mi dios, ¡levántame!
es que no me quiero hacer daño,
tengo 37 años y quiero regresar
se que hasta ahora he madurado con estas reflexiones,
pero me he jodido cuando he vuelto a caer.
¡Eso no volverá a pasar!


Prometo mejorar mi vida,
¡prometo ser mejor!
¡prometo ser mejor!
por mis hijos, por mi madre,
quiero quitarme esta mascara,
vicios menos ¡trabajar más!


Si me apoyas
tendrás resultados.
La emoción por empezar este procedimiento,
no es nada a comparación,
del gran resultado que espero,
pero dudo, tener.


Las opiniones del resto no me importan,
a ellos que les importa,
solo están reunidos ahí por un café y no por mi.
A mi me importa, 
lo bueno que puedo ser.


Cuento con tu apoyo,
¡Gracias Dios!
Gracias por lo que me hiciste saber
siempre estabas conmigo
pero estabas lejos y nunca te busqué
I'm sorry my god!
ahora solo quiero dormir
hasta que lleguen los años
que me volverán tocar vivir.


¿Impresionante verdad?
Valora tu vida ¡ÁMATE!


Compartir En:    Facebook Twitter

jueves, 11 de octubre de 2018

LA HERMANA MAYOR




Hoy, mientras estaba en la corte para escuchar cualquier audiencia, recordé una vieja historia que sucedió hace 25 años, una de las que nunca se olvidan. Recordé que alguna vez a las afueras de mi ciudad, se encontraba una propiedad que había sido invadida por traficantes de terrenos. Cuando estos fueron desalojados, uno de ellos se instaló con su familia en una casa en abandono ubicada en mi vecindario. Por ser nuevos es nuestro barrio, los vecinos no tardamos en conocer a la familia Beltrán, constituida por el señor Ramiro Beltrán, su esposa Zoraida y sus tres hijos, Rob (05), Amado (09) y Cony (15).
La familia del señor Ramiro Beltrán profesaba la religión evangélica, la devoción con la que pregonaban la palabra de dios siempre fue evidente. Todas las tardes, los cinco miembros de la familia Beltrán se dirigían a su culto, hablaban de religión con cualquiera que intercambie un breve saludo con ellos; sin embargo, en la intimidad, esa familia no era la misma. La señora Zoraida sufría constante maltrato físico por parte del señor Ramiro; en algunas ocasiones, al escucharse el llanto y dolor al interior de esa casa, la policía llegaba y llevaban detenido al señor Ramiro, ahí podría estar días, mientras la señora Zoraida, hacia todo lo posible para que puedan dejarlo en libertad. Durante esas ausencias quien tenía que asumir la atención de casa era Cony, la hermana mayor.
Cony, la hija mayor, era muy distinta a los demás miembros de esa familia, parecía que siempre estaba de mal humor, nadie le parecía amigable, nada parecía agradarle; todos estos eran pareceres, en efecto, pues nadie podría tener la certeza de lo que en verdad pasaba por su cabeza. Cony siempre miraba al vecindario con total desconfianza, no hablaba con nadie, nunca salía de su casa, pero para sus hermanos ella era una autoridad, Rob y Amado la respetaban.
Recuerdo que la única cercanía que tuve a Cony, fue en el Concurso de Oratoria realizado entre los alumnos de cuarto año de los colegios de mi localidad. Yo siempre fui bueno en oratoria, de hecho en aquel concurso represente a mi colegio. El día de la presentación de los concursantes vi a Cony, ella representaba a su institución. Suerte, le dije; ella me miró sin inmutarse –y sin responder-. Por esos días antes del concurso, cuando pasaba por la casa de la familia Beltrán, hasta dos calles podía escucharse la voz de Cony, practicando una y otra vez, su discurso de diez minutos. Los vecinos siempre decían que Cony era estudiosa, que parecía de otra familia, que ella los sacaría adelante, que se avizoraba un futuro mejor para sus hermanos, que su padre dejaría de traficar terrenos, que su madre dejaría de lavar ropa de extraños.
Como era de esperarse, Cony ganó el concurso de oratoria. Al poco tiempo me enteré que ella predicaba el evangelio en su iglesia desde los 8 años, basta experiencia le otorgó ante mí, un galardón que quizás habría deseado. Hoy pienso que ese premio fue el mejor regalo que Cony recibió por esos años, una satisfacción propia, que le entregaba  un valor a lo que ella era, un valor que desde luego, no encontraba en su padre, el señor Beltrán, aquel jefe de familia que parecía transformarse por las noches al apagar las luces y cerrar la biblia, convirtiéndose en un ser violento y miserable.
Una noche todo el vecindario despertó con unos gritos, presumiblemente venían de la casa de los Beltrán, mis padres despertaron, la noticia era que una desgracia había pasado, me levante de la cama, al salir de mi casa vi una camioneta de la policía, un evento tan rutinario en esos días, pero algo era diferente, el detenido estaba ahogado en un mar de lágrimas, mientras era conducido con marrocas en las muñecas. Los vecinos cuchicheaban que el Sr. Ramiro había matado a su esposa, la señora Zoraida. Me acerqué a la ventana donde días atrás había visto a Cony prepararse para derrotarme en el Concurso de Oratoria, uno de los policías hablaba con Rob y Amado que no dejaban de llorar. Al otro lado, al pie del cuerpo tendido de su madre, Cony rezaba incansablemente.
Después de aquella noche, nadie nunca más vio a Cony y a sus hermanos. Los tres desaparecieron, nadie sabe a dónde se fueron; sin embargo, les cuento esta historia que sucedió hace 25 años porque la siguiente audiencia que escucharé es la de un homicida, patrocinado por Cony Beltrán, abogada de profesión. Suerte, le dije al pasar por su lado; ella me miró, sin inmutarse y responder, siguió practicando su defensa.




Compartir En:    Facebook Twitter

jueves, 4 de octubre de 2018

DES-AMORES




Carla tenía 17 años y su trato hacia mí era muy especial. La conocí en el colegio, no fue necesario hacer un diagnóstico clínico para determinar que yo le gustaba; sin embargo, a Carla le impresionaba mi comportamiento inocuo; ella sabía que cualquier muchacho de mi edad desearía estar en mi lugar, pero yo nunca le mostré interés; en verdad, por aquellos años dentro de mis prioridades a los 14 años, no estaban las relaciones sentimentales. Durante toda mi vida, guiado por aquella inocencia heredada de algún lugar, siempre prefería hacer cualquier cosa que postergue los sentimientos, Carla mayor que yo, podía hablar del amor, aquella sensación que yo desconocía y que se me fue esquivo hasta que conocí a su hermana.

Ema, hermana de Carla, estudiaba en el mismo colegio que yo y teníamos la misma edad. Poco a poco la fui conociendo. Cuando salíamos del colegio, caminábamos juntos, hasta que lleguemos a alguna esquina donde cada uno tomaba una dirección diferente; en más de una ocasión la acompañaba hasta su casa, conversábamos horas, después para regresar tenía que caminar el doble y enfrentar una reprenda por parte de mis padres.

Ema tenía el cuerpo delgado, el cabello largo y los ojos achinados, un lenguaje bastante coloquial, amiguera al 100%, salía con frecuencia a discotecas llevando en cierta forma una vida libertina. Comúnmente, una persona con estas características en su comportamiento no cuenta con un buen desenvolvimiento académico, en más de una ocasión mientras la visitaba en su casa le encontraba poniéndose al día con cuadernos prestados y copiando las tareas; así era Ema, pero eso no me interesaba, pues el cariño hacia Ema fue creciendo y esa era una verdad que solo yo conocía. Las visitas a su casa se hicieron constantes. Si la encontraba salíamos juntos, si no la encontraba la esperaba mientras hablaba con Carla. Si no podía verla la llamaba a su casa; en ocasiones me contestaba Carla, quien amablemente me pasaba el teléfono para hablar con Ema. Todas esas situaciones, la cordialidad, la confianza y el cariño, me hacían creer que estaba encontrando en Ema algo que Carla busco en mí, pero que nunca encontró.

Cuando me sentí realmente enamorado quise mostrar mis sentimientos hacia Ema de la manera más sublime; para ello decidí estampar en un polo su nombre y un “te amo”, así fue. Mi objetivo era ponerme el polo mientras jugaba fútbol en el campeonato interno del colegio; así, ella leería en mi pecho el claro mensaje. Recuerdo que el día del partido le dije a Ema que le tenía una sorpresa, antes de empezar el juego, me puse el polo que describía mi declaración de amor, pero Ema nunca fue a verme jugar el partido más importante de mi vida; al terminar con una derrota en la cancha y en el corazón pasé por su salón de clase donde la encontré sus amigos, divirtiéndose.

Aquel día, más tarde, al pasar por su casa, ella estaba en su sala mirando televisión, me acerqué, pensé en increpar su ausencia en el partido, pero desistí al darme cuenta que tendríamos la conversación más hermosa de todas, intercambiando palabras y sentimientos recostados juntos en el sofá de su sala; en esas circunstancias no me atreví a decirle lo que había hecho para ella, pero cada latido me convencía más en hacerlo, por eso solo atine a decirle que tenía algo preparado para ella y quería conversarlo al día siguiente, me aceptó.

Me fui a su casa, era un viernes por la noche, Ema no estaba, encontré a Carla, “Salió con sus amigos”, me dijo, era el cumpleaños de algún compañero de clase, sin dudarlo le pedí la dirección. Llegué a la fiesta, no conocía a nadie. Ahí encontré a Ema. Estaba con unos jeans rasgados y una blusa de color blanco, bailaba reggaetón con uno de sus amigos. Cuando estaba por acercarme alguien que parecía ser el anfitrión toco mi hombro, me advirtió que no me conocía, Ema se dio cuenta, “viene conmigo”, le dijo, me jaló a la pista de baile ¿Qué haces aquí?, me preguntó, su aliento olía a cerveza. Me presentó a su grupo de amigos, me sacó a bailar, nos pegábamos, al estar frente a frente y después de unas cuantas canciones nos besamos, fue mi primer beso, no creo que haya sido el de ella, ¡Te amo! Le dije, me abrazo y seguimos bailando. Cuando ya pasaba la media noche, Ema me dijo que tenía que regresar, le propuse ir a su casa, pero ella me dijo que llegaría por su cuenta, que no me preocupara, que regrese y que nos veamos mañana.

Al día siguiente en mis pensamientos estaba ir a la casa de Ema, mi única intención era formalizar aquel encuentro de la noche anterior, tal vez pedirle que sea mi enamorada, a través de un “¿Quieres estar conmigo?” –no conocía muchas formas-. Cuando llegué, Ema se mostró sorprendida, evidentemente no me esperaba. Pasaron unos 5 minutos parados en la puerta de su casa, ambos permanecimos en silencio, fue uno de esos tiempos muertos en los que no sabes que decir. Yo no sabía cómo abordar el tema, no sabía cómo decirle te amo, podía escribirlo, y hasta estamparlo en un polo, pero no decirlo. Al breve instante llegó alguien en una moto, Ella se impacientó. “Espérame viendo la Tv, voy a conversar un ratito, ahorita entro” me dijo. Cuando entré a su casa, Carla estaba ahí, sentada haciendo zapping. La observé, en definitiva ella era más hermosa que su hermana Ema, pero mi corazón nunca hizo esa distinción. Aburrido de ver como Carla cambiaba los canales, miré hacia la ventana, Ema ya no estaba, se había ido con el chico de la moto. Pensé que regresaría pronto. 

Después de una hora Carla miró mi angustia y me dijo: “Te voy a contar algo. No te vayas a molestar, pero Ema tiene chico, es ese pata con el que se fue, me choca que no te lo haya dicho, pero tenías que saberlo”. Me sentí avergonzado, no sabía qué hacer. Me aferré a la posibilidad que Carla estuviese mintiendo, y que aquella declaración sea su venganza hacia mí, por mezquino, por miserable, por haberla rechazado. Eso era lo que me motivaba a pensar que Ema llegaría en cualquier momento, pero los minutos que transcurrieron en adelante se hicieron interminables y Ema nunca apareció.

Esa noche salí de esa casa totalmente contrariado. Por primera vez en mi vida compré un cigarrillo, abrí la ventana de mi cuarto y me puse a fumar, pensé en Carla, pensé en Ema, pensé en lo difícil que era el amor, pensé en Carla y los desaires de mi parte, pensé en Ema y sus desaires hacia mí. 

Pasaron dos días desde aquella noche, después de pensarlo mucho, regresé a casa de Ema y Carla. Al tocar la puerta me recibió Ema, me quiso pedir disculpas por haberse ausentado estando yo en su casa, esperándola. No le pedí explicaciones, hubiese querido besarla, pero no tuve el valor, solo tome sus manos, aquellas que me abrazaron el día de mi primer y único beso, sobre el cuello le puse el polo que use en el partido de fútbol y me marché.



Compartir En:    Facebook Twitter

viernes, 14 de septiembre de 2018

EL MESERO DEL SINATRA





Esta historia es la continuación de “Adiós Escritor” …

Mientras cae la noche, Marcelo termina de recoger las últimas mesas que ha servido; es tarde y “El Sinatra” ya está cerrado. Al quitarse el delantal y dejar su tableta de anotaciones, despide a todos sus compañeros de trabajo. Caminando hacia el paradero para abordar el bus que lo llevaría hasta su destino, reflexiona sobre lo tristes que son las calles de su ciudad un domingo por la noche. Marcelo siempre cuenta con esos tiempos muertos en los que puede pensar y meditar sobre su futuro y la vida, sin embargo, aquellos pensamientos tan fructuosos siempre entran en conflicto con preocupaciones cotidianas; en aquella batalla tan incesante que yace en su cabeza siempre resultan triunfantes las soluciones improvisadas que planifica una tras otra sin dar lugar a su anhelo que poco a poco se va desvaneciendo, ser abogado.

Marcelo vive con su madre y sus hermanos Rodrigo (8) y Carlos (15). Su padre falleció en un accidente de tránsito. Por su precaria situación laboral lo único que heredaron de él fueron deudas. Todas las mañanas asiste a su madre en la venta de desayunos a los funcionarios del “Ministerio de Relaciones Exteriores”, por las tardes trabaja en “El Sinatra”. Marcelo se ha convertido en parte del sustento familiar, un jefe de hogar forzado indispuesto de asumir tal responsabilidad por los asares del destino. Es consiente que no puede abandonar a su madre, es consiente que su hermanos lo necesitan; sin embargo, eso le fastidia, eso le incomoda. Marcelo es consiente que no puede estar ocupando su tiempo soñando en defender las causas justas, no puede estar soñando despierto con ser un abogado, no puede disponer del poco dinero que gana siendo mesero en “El Sinatra”.

Al llegar a su casa, Marcelo no quiere conversar con nadie, pensar en sus sueños frustrándose siempre lo ponen de mal humor. Prende la televisión, están dando las noticias, “Muere escritor de un balazo a quemarropa”, decía un titular. Marcelo se pone a pensar que tan cruel puede ser el destino, aquel que no contento con premiarlo al convertirlo en un promiscuo jefe de familia se encarga de eliminar a artistas que realizan sus sueños contando historias, así como eliminó a su padre.

Apaga la televisión, se viste, sale de su casa y se dispone a caminar, el silencio y la oscuridad son los únicos testigos de su osado recorrido, prende un cigarrillo, piensa en su quincena que recibirá y no verá. A lo lejos los amantes ocupan las bancas del parque Bryce. Al llegar al parque, piensa en Bryce, piensa en su mejor obra, “Un mundo para Julius”, piensa en la muerte del padre de Julius, piensa en su padre, piensa en la muerte de su padre, piensa en una serie de eventos que ocasionaron su partida de este mundo, piensa en lo duro que fue ver una injusticia, una muerte inmerecida.

Mientras acaba su tercer cigarrillo observa a un grupo de chicos acercándose con mochilas y cuadernos en los brazos, deben ser universitarios, piensa. Cuando los jóvenes se aproximan a la banca ocupada por Marcelo, cruzan el camino y van por el frente, lo habrán confundido con un ladronzuelo, en Lima deben tomar sus precauciones. Marcelo se siente culpable por haber salido encapuchado. Su barba lo hace meditar en el look poco amistoso que lleva encima.

Al regresar a casa, piensa en los universitarios, piensa que si vivían por su casa y estudiaban derecho tal vez en un mundo paralelo él se encontraría en ese grupo y no sentado en un parque. Esa noche terminaría por darse cuenta que no puede abandonar las aspiraciones que obra dentro de su ser. Está a punto de cumplir 22 años, no quiere alejarse más de sus sueños, quiere empezar a cumplirlos ¡Necesito un plan de acción! se dice a sí mismo.

Ya en su habitación, decide revisar los viejos escritos de su padre, aquellos papeles que heredó por fuerza mayor, estaban dentro de una caja de zapatos, los había sacado del escritorio de su padre. Desde su muerte, hace unos tres años Marcelo no había escrito nada en esa mesa, ahora la utilizaba para poner su televisor.

Mientras Marcelo lee los manuscritos, encuentra una carta de la editorial “Éxodo”. La carta estaba dirigida a su padre. En ella, la editorial se disculpaba por la demora en la edición de una novela que presuntamente había presentado, así también le comunicaban que a partir del lunes 21 de febrero podría pasar a recoger la novela editada. Después de eso entendió que su padre nunca recogió su novela pues murió dos días antes.

Compartir En:    Facebook Twitter

jueves, 5 de julio de 2018

UNA DECLARACIÓN





“Soy Renato Rodríguez Soto, tengo 48 años, nací en Tingo María, marido de Clara Tolentino Aguilar, embarazada de siete meses, padre de José de seis años, Elena de tres. Vivimos en Huipoca, a 10 minutos de Aguaytia. Trabajo en la empresa de Transportes Turismo Ucayali S.A. haciendo ruta de Pucallpa a Tingo María. Mi esposa no trabaja desde hace un par de meses, por hacer un  esfuerzo cargando una bandeja de ropas casi pierde al bebe. Por esas razones, me he convertido en el único sustento de mi familia. Pese a mis problemas renales, trabajo todo el día para cumplir con mis obligaciones. Clara necesita vitaminas, José unos cuadernos y Elena aun no entra al nido. El carro que manejo es alquilado y los repuestos y llantas tienen una deuda pendiente.

El día de ayer mientras hacia mi turno para poder salir hacia Tingo María, unos tres sujetos de tés morena se me acercaron y me pidieron que les haga una carrera a Puerto Inca, una ruta distinta a la que hacia normalmente. Yo les dije el precio y accedieron de inmediato ¡Gracias Dios! exclamé. A la altura del kilómetro, 70 el hombre que iba a mis espaldas en el auto, me puso una bolsa negra sobre la cabeza y un cable de cobre sobre el cuello. Mientras trataba de zafarme de aquella tortura sus compañeros me revisaron los bolsillos, quitándome todo mi dinero. Ante mi resistencia me golpearon fuerte en la cien quedando sumamente inconsciente. 

Privado por un par horas, cuando desperté, seguía en el carro pero no tenía mis documentos, tampoco dinero, la llanta de repuesto y la radio habían sido robadas, estaba sangrando, me dolía la cabeza. Llegue al pueblo más cercano, estaba molesto y desgraciado. Si me iba a casa encontraría necesidades, si me iba a la comisaria no me darían solución, si me ponía a trabajar encontraría problemas y si me lanzaba a un abismo sería un cobarde. Opté por lo primero.

Mientras regreso a casa me pongo a pensar que diferente seria mi vida si hubiese escuchado a mi padre, el flamante alcalde de Tingo María, el Aprista Casado Pérez. Mi padre quería que trabaje en sus propiedades, administre los fundos y cuide de mi madre. Por mi terquedad y soberbia no le hice caso. ¡Le juro que por esas circunstancias y al no estar consiente mientras conducía atropellé al pequeño! Eso es todo lo que tengo que decir, señor fiscal”.

Compartir En:    Facebook Twitter

martes, 15 de mayo de 2018

EL LLAMADO DIVINO




En un viernes cualquiera estábamos en nuestro salón de clases. Teníamos clase de religión; mientras sacábamos nuestro libro comprado en la ODEC, la maestra me invitó al frente para leer un pasaje bíblico. Se trataba del Capítulo 18, versículo 21-35 de Mateo, la historia tenía como mensaje el perdón al prójimo. Jesús no duda en sugerir castigo a quienes no perdonen.

Cuando terminé con mi participación, la maestra se notó muy complacida. Al retirarse de su clase, me llamó a las afueras del salón y me comentó que yo podría leer un texto similar el día domingo en nuestra catedral para la misa de las siete de la mañana. Yo me mostré encantado, pues hace mucho tiempo no asistía a misa. En familia siempre acudíamos a la misa de 8:30 en el Barrio Santa Rosa, siempre mi madre, mi hermano (quien ahora es agnóstico) y yo; era nuestra tradición. De cualquier forma, asistir como un invitado especial para leer la palabra de Dios frente la atención de muchos fieles, para mí era un privilegio, así que acepte, desde luego. La maestra me indicó que se realizaría un ensayo de lectura en la misma catedral el día sábado, en consecuencia debía asistir para poder practicar antes de oficializar mi voz ante todos los asistentes.

Aquel sábado, mientras esperaba a mi padre en casa para que me lleve a mi práctica de lectura en la catedral, pensaba en que nunca me había encontrado tan distante de la religión y en lo que me pasaba en mi familia en ese entonces. Como consecuencia del divorcio de mis padres, en casa siempre habían inconvenientes por múltiples razones. Por lo general se discutía por dinero, pues nunca era suficiente, siempre faltaba.

De camino y con sumo recelo (por temor a su molestia) pedí a mi padre tres soles, suficientes para ir a la catedral el día domingo, los recibí sin mayor cuestionamiento. De hecho al bajar de la moto de mi padre, me di cuenta de algo muy evidente, un llamado divino tal vez; siendo coherentes, hacer una buena lectura, que mí maestra me invite a una misa para leer y que mi padre me entregue lo solicitado, eran las señales que me llenaban de convicción.

Ya en la catedral noté que el salón principal estaba cerrado, me pregunté donde serían las prácticas para las lecturas; di una vuelta al lugar y vi un grupo de jóvenes en un salón más pequeño. Mientras caminaba hacia ese lugar una chica me hizo señas con las manos para acercarme, me preguntó porqué estaba ahí, yo le respondí que buscaba al grupo que practica las lecturas para la misa de domingo. Ella me miró extrañada y me dijo: ¡puede ser aquí! pero, para poder leer en la misa tienes que hacer tus sacramentos ¿eres bautizado? –Sí, le conteste. ¿Tienes primera comunión? –No. ¡Ah! Necesitas hacer tu primera comunión, intégrate a nuestro grupo, ésta es la catequesis de la catedral. Sorprendido ante su respuesta solo atiné a preguntar ¿Estás segura? – Claro, me contestó dirigiéndome para ingresar al salón.

En el lugar había bastantes jóvenes de mi edad, muchos de ellos estaban en mi colegio pues eran conocidos. También me sentí un extraño ahí, todos estaban en grupo y conversaban, yo estaba solo, pero entre tanto, nuevamente pensé que nada sucede en vano y de seguro este sería otro llamado divino el que me permitía estar ahí.

A los dos minutos, ingresó el Padre Oshiro, párroco de la Catedral. Al parecer conocía a la mayoría de jóvenes, hizo la oración de bienvenida y se retiró. A poco tiempo me enteré que el grupo llevaba reunido ya un mes aproximadamente; sin embargo, conforme avanzaban las actividades, me sentí cómodo en aquel lugar. Entre bromas, juegos y enseñanzas, la vida lejos de los inconvenientes familiares si tenía un sentido y Dios me estaba permitiendo disfrutar de ello.

Al terminar la catequesis eran las siete de la noche. Me despedí y agradecí a la chica la invitación prometiendo regresar el próximo sábado, ¡No! Mañana tienes que venir a la misa de las siete de la mañana - me contesto. ¡Perfecto, aquí estaré! - le dije, aceptando que ya no leería ante los fieles, pero sería una buena oportunidad para encontrar mi fe nuevamente.

Solo tenía los tres soles que mi padre me había entregado, si regresaba a casa en taxi ya no tendría para ir a la misa de las siete. Me puse a caminar a casa, estaba a 20 minutos de camino.

Mientras caminaba, recordaba todo lo que me había pasado los últimos dias. Sonreía en la calle, los problemas familiares no tenían lugar y pensé que era momento de pedir perdón a Dios por haberme alejado de él, quizás los problemas en mi vida eran consecuencia de ello, pero esa tarde estaba contento y lleno de energías.

Cuando estaba a medio camino de casa ingresé a una calle silenciosa, de pronto un motocar con  tres personas a bordo me cerró el camino y levantaron un arma, era un asalto. Pasmado y sin algún movimiento por hacer, me arrancaron el canguro donde tenia mis documentos, un celular que me habían regalado mis tíos por mi cumpleaños, y los tres soles para ir a la misa de domingo. Sin saber que decir, me senté en la acera, un vendedor de panes, testigo de lo ocurrido me preguntó si estaba bien, no conteste. Me levante y caminé con prisa hacia mi casa.

Cuando llegué no había nadie y no tenía llaves para entrar. Sentado en la vereda, me puse a pensar en la lectura de Mateo que hice un día anterior, busqué a un prójimo para perdonar en esta historia, no encontré a nadie.


Compartir En:    Facebook Twitter

miércoles, 7 de febrero de 2018

BUENO PARA SER MALO




            Marco y yo nos conocimos cuando niños, mucho tiempo antes que suceda lo que les voy a contar. En nuestro vecindario salíamos a jugar todas las tardes, éramos muy buenos amigos, compartíamos la misma afinidad en los deportes y los juegos de video. Por cuestiones del destino, nuestras vidas tomaron rumbos distintos.

A los 15 años, Marco se fue a la capital de país, pues sus padres habían conseguido el suficiente dinero para mandarlo a estudiar Administración de empresas. Yo me quede aquí, en provincia, con las ansias de estudiar Comunicaciones pues mis padres no tenían las mismas posibilidades que los padres de Marco.

Estudié Derecho y Ciencias Políticas. A los 18 años y con la necesidad de trabajar en algo relacionado a mi carrera, fui recomendado por un tío para trabajar en el estudio ALVA Y ASOCIADOS. El trabajo que me ofrecieron fue de Gestor de Cobranzas; en realidad, si medimos el ancho de un alfiler podríamos definir lo relacionado que era ese trabajo a mi carrera, pese a ello tomé el puesto.

Mi trabajo consistía en cobrar carteras de clientes morosos, cuentas bancarias imposibles de cobrar por el propio banco y designadas a su recuperación a través del estudio ALVA Y ASOCIADOS, ofreciendo una campaña de descuento a cambio de una buena comisión. Todos los días llegaba temprano a la oficina, recogía mis cartas de cobranza, hacia mi recorrido por la ciudad ubicando los domicilios, hablaba con los clientes, ofrecía la campaña de descuento y con mucha suerte se acercaban a las oficinas del banco a realizar sus abonos respectivos en la fecha pactada. No sé por qué era bueno en lo que hacía, sin embargo, pronto me convertí en el Gestor de Cobranzas más rentable del estudio.

Pasé 5 meses rompiendo las carteras de clientes, haciendo importantes recuperaciones y obteniendo bastantes comisiones para el estudio ALVA Y ASOCIADOS, por esas razones fui designado para realizar la cobranza de otro tipo de cuentas, las judiciales. Estas cuentas tenían una garantía inmobiliaria, que sería ejecutada para asegurar el pago de la deuda en caso de incumplimiento por parte de los clientes del banco.

Cuando recibí las cartas de cobranza judiciales, grande fue mi sorpresa al ver que una de ellas estaba destinada a los padres de Marco, el amigo de quien no sabía nada hace mucho. Las circunstancias me hicieron indagar más a fondo el problema que ellos tenían con el banco. Su situación era complicada; la deuda era por casi 150 mil soles, la garantía de pago era su casa y ya estaba embargada.

Como mandaban mis obligaciones acudí a conversar con los padres de Marco. Fui más sincero que de costumbre, trate de hacer lo posible para que comprendan la situación y que solucionemos el problema a través de mi persona. Ellos me comentaban que su situación estaba difícil. El padre de Marco había hecho malas inversiones. Su madre se encontraba enferma, entre los gastos de su tratamiento, la manutención y los pagos de los estudios de Marco en la capital, la familia  no podía hacer ningún pago al banco; pese a ello les rogué el esfuerzo necesario.

Esa noche recibí una llamada, era Marco, mi amigo; me alegre de saludarlo, hacía mucho tiempo no conversaba con él, sus padres le entregaron mi número de teléfono, me pidió ayuda, lamentaba mucho la situación familiar, me comentó que debía tres meses de la universidad y que si no los pagaba perdería el ciclo, quería que haga todo lo posible para evitar el remate de su casa, evitar que su familia se quede en la calle, yo le explique que la única solución es hacer un pago para que la deuda pueda fraccionarse y hacer un cronograma que se ajuste a sus posibilidades, de esa manera se podría suspender el proceso por un acuerdo extrajudicial. Me comprometí en dar el monto de pago a sus padres para que consigan el dinero y se termine el problema con el banco.

A la mañana siguiente, me reuní con mi jefe, el Dr. Alva. Expuse el problema de los padres de Marco. El Dr. Alva me indico que mientras se genere cualquier pago superior al 25% sería una solución, pero que tratándose de unos amigos el tratamiento podría ser distinto y que con el 15% se suspendería el proceso judicial. Me parecía increíble. El Dr. Alva no solo me estaba ayudando, sino que también estaba renunciando a una parte de sus ingresos pues por un pago menor obtendría una menor comisión. Imaginé que su bondad se debía a las recuperaciones que le generé a su estudio. Rápidamente llamé a los padres de Marco y les comunique la noticia, me escucharon. Después de pensarlo bastante y confiados en la alternativa de solución que les ofrecía, se convencieron que con un esfuerzo podrían conseguir el dinero y olvidarse del problema con el banco. Me pidieron cinco días para poder realizar el pago, ya tenía su compromiso.

Con el pasar de los días yo pensaba lo bien que es ayudar a las personas a través de tu trabajo, lo bien que se sentía al ayudar a la familia de un amigo. Empecé a considerar mucho más mi trabajo y a valorar la bendición de tener uno.

En la fecha pactada, antes de terminar el mes, los padres de Marco me llamaron. Querían que los acompañe a hacer el depósito del 15% de su deuda. De camino hacia el banco, me contaron lo que hicieron para conseguir ese dinero. Por este mes la señora dejaría de ir al tratamiento de su enfermedad en Lima y Marco no pagaría la mensualidad de su universidad. Lo único que se me ocurrió decir es que la solución era la mejor opción y que ya no tendrán que preocuparse por perder la casa. Me escucharon. Me contaron también la actitud de los anteriores gestores, personas no comprendían ninguna situación, que se iban a sus casas con amenazas, insultos, ofensas. Reconocieron que conmigo fue diferente y me agradecieron la ayuda.

Cuando regrese al estudio, entregue una copia del voucher de pago al Dr. Alva, él cogió la copia y la puso en un folder donde guardaba todos los vouchers.

 - ¡Perfecto! mañana ve y diles que si no pagan la diferencia en 3 días la casa se remata – Exclamó Alva.

Yo quedé atónito – Eso es todo lo que pueden dar Dr. No pueden conseguir más dinero; además usted me dijo que con un 15% era suficiente – Le dije.

-¡Qué te pasa muchacho! Si consiguieron un quince pueden conseguir un veinticinco. En este negocio olvídate de los amigos. No puedes andar salvando a los morosos del mundo; yo no puedo ir contra los intereses del banco, piensa que esto es trabajo y no una ONG – Respondió.

No podía creer lo que escuchaba, fui engañado y también engañé a los padres de Marco, como podría acercarme a decirles que su sacrificio nunca fue suficiente, que de todas maneras perderán su casa.

Aquel día salí de las oficinas de ALVA Y ASOCIADOS, no regrese nunca más por ese lugar. Estaba decepcionado, había mentido a los padres de un amigo.

A la mañana siguiente encontré tres llamadas perdidas y un mensaje de Marco que decía ¡Gracias por tu apoyo amigo! Nos vemos pronto…

No sé si la casa de Marco llegó a ser rematada, no sé si Marco continuó sus estudios, no sé si los padres de Marco me odian, no sé si Marco me odia. Lo que si sé, es lo pequeña que resulta ser mi ciudad, lo cruel que es el destino y lo despiadados que pueden ser los hombres codiciosos en este mundo.




Compartir En:    Facebook Twitter